El viaje de Kety
Siete décadas de una vida de compromiso y ansia de saber
El día que Koldo Azpitarte y Mikel Bao me invitaron a cenar una noche de la Feria del Libro de 2022 quedé sorprendido por su interés para que les hablase de Enriqueta Lewy Rodríguez (1910-2001). Salvo unos pocos, quienes lean este nombre se preguntarán quién es esta Enriqueta por la que se interesaron los autores de El diablo y el señor Twain. Poco les puede decir su nombre, salvo la extrañeza por el apellido «Lewy», pero afirmo que Kety, como se la conoció desde apodarla así uno de los 7 premios nobeles españoles –¡ahí es nada!–, es una de las miles de personas no históricas, que empujaron la Historia.
No me hubiera sorprendido, entonces, el interés por su hermana Irene, mano derecha de Pasionaria y ayudante de don Santiago Ramón y Cajal, nuestro segundo Premio Nobel patrio. El primer español con este galardón fue el dramaturgo, matemático y político José Echegaray en 1904. Por cierto, en la calle madrileña que homenajea a don José, un mes después de las Campanades a morts del 3 de marzo de 1976 en Vitoria, cuando el ministro de Interior era Manuel Fraga Iribarne, fue detenida la clandestina dirección juvenil comunista: seis chicos y dos chicas de menos de 21 años que sufrieron tortura en la cercana Dirección General de Seguridad, ubicada en la antigua Casa de Correos y hoy sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, la cual aún no cuenta con una placa como lugar de la memoria. El dictador Franco ya había muerto en la cama, pero la calle aún no había logrado acabar con su dictadura nacional-católica, falangista, monárquica opusina y tecnócrata, que duraba desde 1939.
Esa detención ocurrió cinco años más tarde del regreso a Madrid de la protagonista de Relaciones peligrosas, después de tres décadas de exilio –o emigración como se decía antes de la Declaración de los Derechos Humanos de 1945–. No nos desviemos. O sí, porque la vida de Enriqueta Lewi Rodríguez es como la matrioska que, con amor, trae de Moscú en esta obra. Cada historia esconde, incluye, otra historia hasta llegar a la historia grande.
La vida de Kety es inseparable, no ya de su hermana revolucionaria Irene Falcón –en la historieta que tienes entre tus manos, sabrás el porqué del cambio de su apellido–, sino también de la cabeza en la edad de plata de la ciencia española, el nobel Ramón y Cajal, a quien acompañó como secretaria y bibliotecaria en sus últimos años.
Enriqueta es una más de las víctimas de la dictadura franquista –también del estalinismo, pero ya llegaremos a ello–, un periodo de cuyos crímenes aún no han sido reparados. ¡Qué molienda la de la Casa Real española!, que no encabeza la búsqueda y recuperación de aquellos y aquellas compatriotas yacientes sin nombre, desaparecidos y desaparecidas aún en las cunetas peninsulares e insulares.
Kety es asimismo una de esas secretarias y bibliotecarias, también científicas, invisibles en la historia de la época más floreciente de la ciencia española, y que recientemente han sido reparadas y visibilizadas gracias a trabajos científicos y académicos. Una invisibilidad a la que la propia Kety contribuye en sus libros sobre Ramón y Cajal, escritos ya recuperada la democracia en España.
Cuatro años después de aquella cena con Koldo y Mikel, leídas las más de doscientas estampas de Relaciones peligrosas, sé que, de un personaje periférico para hablar sobre Santiago Ramón y Cajal, como era la idea inicial, ambos autores han construido un personaje fractal con el que dan forma a una historia de vida, y tejen una trama sobre las amistades peligrosas en el mundo de la ciencia.
Estamos ante un tejido de muchos hilos que, de la mano de la bibliotecaria del nobel Cajal, recorre «el siglo corto» que categorizó el historiador E. P Thompson. Viajaremos al siglo XX, en donde la sombra de la guerra, como en esos años veinte del XXI, emborrona la acuarela de la vida de los pueblos y por momentos parece apagar su esperanza.
Cuando esta obra vea la luz editorial hará 175 años del nacimiento, el primero de mayo, del padre de la neurociencia, arquetipo de científico de aquella generación de sabios de la ciencia española: el médico neurólogo Santiago Ramón y Cajal. Este aniversario tiene aún más transcendencia en estos tiempos de la inteligencia artificial, ahora que «las misteriosas mariposas del alma», en palabras de Cajal para referirse a las neuronas, parecen convertirse en los oscuros algoritmos del dato. En sus años finales, le acompañó una joven de dieciséis años: la protagonista de Relaciones peligrosas.
La familia.
Kety, «nacida en Chamberí, pero educada en alemán» si tomamos prestado la definición de Manuel Vázquez Montalbán sobre su hermana, Irene Falcón, fue quien relevó a esta en el Instituto Cajal y a quien cuidó, aquellos días de agosto de 1999 en San Rafael compartidos con ambas, hasta el último suspiro de la sempiterna compañera de Dolores Ibárruri, quien también aparece en estas páginas. La labor de cuidadora de Kety con su hermana la tengo muy grabada de aquellas tardes de conversación y reescritura, junto a Manuel Jiménez, con Irene preparando sus memorias Asalto a los cielos. Mi vida junto a Pasionaria.
Todas aquellas tardes con Irene no hubieran sido tan creativas sin el cuidado de Kety, que preparaba café y unas pastas, o venía a ofrecer agua o una nueva italiana humeante o un té, y siempre se quedaba al final del trabajo a charlar o enseñar algunas fotos de los miles de recuerdos de las hermanas Lewy Rodríguez, Irene y Kety, Kety e Irene…
Irene y Enriqueta como Carmen, la hija mayor de los Lewy Rodríguez, estudiaron en el Colegio Alemán, donde aprendieron alemán, francés e inglés. Esta educación políglota les abrió muchas posibilidades profesionales y, al menos, no tuvieron dificultades idiomáticas en su azarosa vida fuera de España a partir de 1939, cuando finalizó la Guerra Civil y comenzó la Segunda Guerra Mundial.
Carmen, a diferencia de Irene y Kety, no fue militante comunista, pero no por ello dejó de sufrir la represión, precisamente por ser hermana de Irene Falcón. Esta era muy conocida en tiempos de la República y la guerra. Además de aparecer al lado de Pasionaria, Irene era una destacaba militante política y activista cultural; creadora con su marido del Teatro proletario, una dramaturgia de alfabetización política; y la primera mujer corresponsal en el extranjero de la prensa española, para La Voz y El Sol, y también para la revista gráfica española Estampa. Carmen, aislada en Madrid tras la victoria en 1939 de los nacionales alzados en armas con la ayuda de la Italia fascista y la Alemania nazi, sufrió cárcel en Ventas, cuando la saca de las Trece Rosas, y terminó exiliada hasta su fallecimiento en Tánger (Marruecos).
Las tres hermanas, nietas del cantinero de la estación de Valladolid y del alemán de origen polaco, cuyo hijo comerciaba por tierras castellanas, nacieron en Madrid a donde se trasladó el matrimonio contraído por Sigfrido Lewy Herzberg y Carmen Rodríguez Núñez. La variedad geográfica y lingüística de la familia de la protagonista de Relaciones peligrosas le imprime un ADN multicultural, algo extraño para la época, pues estamos hablando de los primeros años del siglo XX.
La muerte de Sigfrido Lewy, a quien todo el mundo llamaba Federico –otra característica de esta familia, el baile de nombres–, a los treinta y tres años dejó en una situación económica difícil a su joven viuda, y a punto estuvieron las tres hermanas de tener que abandonar sus estudios en el Colegio Alemán, donde los habían comenzado, por expreso deseo del padre, a los 3 años. La madre se presentó al director del colegio y logró que las tres hermanas Lewy Rodríguez continuaran sus estudios.
La ciencia
Irene comenzó a trabajar en septiembre de 1922 con 15 años en el Instituto de Investigaciones Biológicas que dirigía don Santiago Ramón y Cajal. El premio nobel necesitaba alguien que supiera alemán para su correspondencia internacional y las traducciones de las revistas científicas de referencia, pues en esa época el alemán era la lengua de la ciencia y la filosofía. Cajal visitó el Colegio Alemán para ver si el director podía recomendarle alguno de sus egresados. Este no lo dudo, y le recomendó a Irene, quién, además de políglota, sabía escribir a máquina –el ordenador de la época–, lo que también llamó la atención del médico aragonés.
Tanto impresionó a Cajal el trabajo de Irene con él, que esperó hasta que su hermana Enriqueta terminase el bachillerato de para incorporarla al Instituto Cajal. Al sabio le habían caído muy bien las hermanas Lewy Rodríguez desde que visitó el humilde piso de la calle Trafalgar para pedir a su madre que Irene trabajara con él. Imagínate la sorpresa de la joven viuda cuando el famosísimo don Santiago, a los setenta y cuatro años, subió con dificultad aquellas escaleras para llegar al hogar de las hermanas Lewy y la alegría en la familia por el nuevo ingreso mensual que ayudaría a su economía: 166 pesetas con 66 céntimos. Soy subjetivo en esta historia, pero es que Irene Falcón es única, aunque solo sea porque no creo que haya en el mundo ninguna persona que haya sido ayudante de un Premio Nobel y de un dirigente político internacional, como fue Pasionaria, secretaria general y luego presidenta del Partido Comunista de España.
Como hizo con Irene, Ramón y Cajal le enseña a Kety lo que quería de ella: organizar su biblioteca, escribir a máquina su correspondencia con otros científicos del mundo y sobre todo traducir tanto las cartas enviadas como las recibidas y las revistas científicas alemanas, pero no solo en este idioma, también las revistas en francés e inglés, maravillado como estaba con las destrezas políglotas de las adolescentes Lewy, tan raro en aquella época.
La década junto al nobel Cajal fueron para la joven Kety un proceso de aprendizaje profesional y de maduración personal, del que quedó siempre una admiración imperecedera, perpetua, hasta hagiográfica, por el aclamado neurólogo. El trabajo con don Santiago despertó en la joven Kety un amor por la ciencia, una curiosidad intelectual que le acompañó a lo largo de su vida. En su exilio moscovita pudo saciar su afán cuando se licenció en el Instituto Pedagógico de Lenguas Extranjeras de Moscú y obtiene el grado de candidata a doctora en Ciencias Históricas en la Academia de Ciencias de la Unión Soviética.
También, sin duda, este despertar por el saber en Kety se alimentaba del ambiente científico en el Instituto Cajal, rodeada de eminencias como Jorge Francisco Tello, Nicolás Achúcarro, Fernando de Castro Rodríguez, Carlos Gil y Gil, José Mª Villaverde, Gonzalo Rodríguez Lafora, Rafael Lorente de No… Y, claro, Pío del Río Hortega que siempre consideró a Cajal su maestro, aunque trabajó poco con el sabio por la ruptura entre ambos.
Pío del Río Hortega fue propuesto en dos ocasiones al Premio Nobel de Medicina, 1929 y 1937, y tras Cajal es la figura más destacada de la llamada Escuela Histológica Española, conocido sobre todo por su descubrimiento de la microglía, llamada también «células de Hortega». En esta obra, Koldo y Mikel nos acercan a la relación de don Santiago y don Pío y apuntan el por qué del conflicto.
En 1932 el nobel Cajal había escrito su ensayo, cargado de determinismo biológico y tradicionalismo, La mujer: conversaciones e ideario. No resulta extraño, entonces, que dos años antes le regalase a su joven colaboradora Las amistades peligrosas de Choderlos de Laclos. El octogenario científico quería paternalmente alertar a Kety de las artes seductoras y los intereses carnales de los hombres. La última colaboración de Enriqueta con el nobel, enviudado y enfermo, consistió en pasarle a máquina su última obra El mundo visto a los 80 años.
Al volver del exilio en 1971, Kety pudo reintegrarse a su puesto de bibliotecaria hasta su jubilación en el servicio de documentación científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, donde había sido integrado el Instituto Cajal en 1941. Animada por el discípulo de Cajal, Fernando de Castro, Enriqueta Lewy dedicó sus últimos años laborales a escribir varios trabajos sobre el nobel español: en 1977 publicó en la clásica colección de la editorial Austral Así era Cajal y, diez años después, con prólogo del otro médico español Premio Nobel, Severo Ochoa, escribió Santiago Ramón y Cajal: el hombre, el sabio y el pensador.
Sin duda, no por esperada, fue menos dolorosa la muerte de don Santiago Ramón y Cajal a la edad de 84 años. Kety quedó huérfana por segunda vez en su vida y sin maestro, sin preceptor. Como ella, el mundo perdió a uno de los grandes de la ciencia –quizás por eso, el título del último trabajo sobre el nobel de Enriqueta Lewy, «Santiago Ramón y Cajal “Praeceptor Mundi”».
La política
Poco tiempo tuvo Kety para hacer el duelo por la muerte de Cajal el 14 de octubre de 1934. De forma inmediata y acelerada vivió una década histórica que contribuyó a su politización creciente, inspirada ahora por su hermana Irene Falcón. La Revolución de Octubre, el Frente Popular, la Guerra de España –en la que Kety volvió a prestar sus servicios políglotas haciendo de traductora en aquellas unidades de brigadistas internacionales de la Defensa de Madrid–, la Segunda Guerra Mundial y el exilio a la U.R.S.S, donde además incorporaría una nueva lengua, pero no la última, a su porfolio idiomático, la eslava lengua rusa.
La política estará desde entonces presente en su vida, y de la mano de ella en la ficción de Koldo Azpitarte y Mikel Bao asistiremos a más sucesos políticos, la muerte del dictador Franco, la entronización del nieto de Alfonso XIII –cuya partida en 1931 Kety vivió en la Puerta del Sol–, el atentado a Carrero Blanco, la inmaculada –y desmemoriada– Transición española, la amnistía para los presos, el regreso de los exiliados, las elecciones de 1977…
Y el reencuentro familiar, de nuevo Irene y Kety juntas, tras décadas de vida compartida en Moscú y no solo, pero separadas los últimos seis años desde el regreso de Kety a España hasta la llegada de su hermana con Dolores Ibárurri el 13 de mayo de 1977–«Sí veremos a Dolores caminar, por las calles de Madrid…» que cantara Ana Belén. Pero no nos adelantemos. Antes hay que recordar –volver a pasar por el corazón–, dos sucesos políticos más para completar la personalidad de la bibliotecaria del nobel Cajal, antes de su incorporación laboral al CSIC.
La Guerra de España finalizó el 1 de abril de 1939 y el 3 de septiembre del mismo año comenzó la Segunda Guerra Mundial. Imagínate, querido lector y querida lectora, la situación de los españoles exiliados en Francia tras la caída de la Segunda República y en pleno estallido bélico mundial. Irene, la hermana de Kety, por ejemplo, estaba en París y de allí partió a Nueva York para embarcar meses después rumbo a Suecia por las aguas del mar del Norte con el fin de llegar a la URSS, como así ocurrió el 31 de diciembre de 1940. De una guerra a otra guerra, de la defensa de Madrid a la defensa de Moscú.
En la capital soviética se reencontraron las dos hermanas Lewy, pero muy pronto los tambores de la guerra llegarían a la capital soviética. Irene se desenvolvía como pez en el agua en Moscú, pues había aprendido ruso durante su estancia en la Internacional Comunista de 1934 a 1937. En esos años trabajó en la Komintern, donde Irene, además, volvió a enamorarse, esta vez de un dirigente del Partido Comunista Checoslovaco, Bedrich Geminder, de origen judío. Ambos, Irene y Geminder, se reencontraron en Moscú en 1940 y recuperaron la relación sentimental. Cuando acabó la guerra en 1945, Geminder la propuso que se fuera con él a su país, pero Irene desoyó la propuesta de Geminder, aunque siguieron viéndose y relacionándose en las visitas de uno a Moscú o de ella a Praga, pero por muy pocos años.
En el otoño de 1952 el asesinato de Geminder y 13 dirigentes más del PC de Checoslovaquia, incluido su secretario general Rudolf Slánský, víctimas de la represión estalinista en las nuevas democracias populares al este del río Elba, no sólo conmocionaría el corazón de Irene, sino que supondría el castigo para las dos hermanas Lewy con la expulsión de sus trabajos profesionales. A Irene, además, Fernando Claudín le comunicó su separación política del PCE.
El estalinismo se caracteriza no solo por la eliminación física del disidente o del purgado, sino que alcanza a sus familiares porque también pueden estar contaminados por «la ideología burguesa», el «origen judío» o la colaboración con los servicios secretos de otros países. Así le pasó a Irene por ser la pareja de Geminder y a Kety por ser hermana de Irene. El único dirigente checo no ejecutado, dada su condición de héroe de la Resistencia francesa, como su mujer de nacionalidad francesa y origen español, Lise Ricoli, fue Artur London que describe el élan estalinista magistralmente en su libro autobiográfico, a propósito del Proceso de Praga. El director griego Costa-Gravas adaptó al cine La confesión, con guion de Jorge Semprún, y quien en su famoso libro Autobiografía de Federico Sánchez habla de Geminder y de Irene.
Tras el crimen y el castigo, las hermanas Lewy abandonan Moscú para llegar a Pekin en 1955, formando parte del equipo de cinco españoles comunistas que pondrían en marcha Radio Pekin en español. Irene sería rehabilitada tras el XX Congreso del PCUS y en septiembre de 1956 volvió con Dolores Ibárruri en el mismo avión que la transportó a Pekin para participar en el VIII Congreso del Partido Comunista de China.
Las hermanas Lewy volvieron a separarse por unos años. Kety se quedó muy a gusto en China, después de la experiencia traumática sectaria vivida, y aprendiendo un nuevo y difícil idioma como es la ideográfica lengua china. El trabajo en Radio Pekin en español fue una experiencia muy gratificante para Kety, que guardó con el tiempo correspondencia con Pang Binan, el joven chino estudiante de español que se incorporó a la redacción desde el principio y, sobre todo, con Yao Yuexin la primera persona colaboradora del equipo español, que traducía las noticias chinas al ruso y Kety se encargaba de traducirlas al español –«dos cabezas y cuatro manos», en palabras de la propia Yao cuando contó la experiencia en el 50 aniversario de la creación de Radio Pekin en español. Ambas se volvieron a encontrar en 1987 cuando la española asistió al cuadragésimo aniversario de Radio Pekin.
Kety regresó en 1960 a Moscú, henchida de satisfacción por la experiencia y con la medalla de Estado entregada por Chu En Lai –sí, también el primer ministro chino aparece en las viñetas de «Relaciones peligrosas». De aquellos años o cuando el segundo viaje, Kety se trajo un precioso biombo de cerezo tallado que las hermanas Lewy me regalaron con enorme generosidad. Es la pieza más valiosa de mi piso, no sólo materialmente por su belleza y origen, sino porque me recuerda cada día a Kety e Irene. La palabra biombo en chino significa «pantalla contra el viento» y el de mi casa, regalo de las hermanas Lewy Rodríguez, es una pantalla contra el olvido y la desmemoria.
Unas últimas palabras sobre el comic de Koldo y Mikel que tienes entre tus manos. Ellos no lo saben, pero con su invitación y la lectura de su novela gráfica han hecho que volvieran a pasar por mi corazón imágenes y vivencias que los años van apartando, pero nunca eliminando. El nobel Cajal en su Doctrina de la Neurona, y sus conceptos de plasticidad cerebral y teoría del aprendizaje, no sólo funda la neurociencia moderna, también fundamenta un nuevo concepto de memoria. Esta, para el científico, no es el recuerdo de algo, sino una experiencia, no es un archivo estático de fotos guardadas, sino el resultado físico de vivir y reaccionar a una experiencia. El ideograma chino de memoria es jì yì (记 忆), donde el primer ideograma es el acto de almacenar mientras el segundo hace referencia al corazón; y ¿qué es el cerebro?, sino un corazón que graba y se alimenta a medida que se usa, o algo así, si se me permite la incursión metafórica en la doctrina del sabio Cajal.
Koldo y Mikel en su novela gráfica de la mano de Enriqueta Lewy nos van a hacer pasar un buen rato, con información documentada e intriga política de estilo noir, a lo largo de una duración histórica de siete décadas, con flash backs constantes, donde entre personajes de ficción y un buen puñado de personajes reales nos adentraremos en la memoria histórica de nuestro país y el tempo del comunismo en el siglo XX, en la historia de la ciencia española y, sobre todo, en las complejas relaciones de un puñado de científicos que aportaron su conocimiento al avance de la ciencia, pero que su sabiduría no les inmunizó de las pasiones humanas, las altas y, también, las bajas pasiones.
Con Kety recordaremos las consecuencias traumáticas para la ciencia y para las relaciones entre científicos que tuvo la guerra y la posterior dictadura franquista, así como, las peligrosas relaciones entre humanos cuando la envidia, el narcisismo, el sectarismo, el dogmatismo priman por encima de la colaboración, la cooperación, la fraternidad y sí, también, la sororidad. Esos valores que nos hacen humanos y humanas, no individuos fragmentados y rotos por el egoísmo.
Retrata Koldo estas relaciones peligrosas y Mikel hace los retratos a ellos y ellas y a sus situaciones. A lo largo de las 235 páginas, los 11 capítulos con sus once máximas, de esta novela gráfica publicada, con acierto y criterio por Norma Editorial, sus lectores conversamos con los protagonistas de «Relaciones peligrosas», mientras nuestras neuronas se ejercitan y conectan, dialogando en silencio sobre la historieta a la que asistimos al pasar sus páginas y, con ello, recordamos nuestra propia experiencia a la luz de la historia que nos cuentan Koldo Azpitarte y Mikel Bao.
Jesús Montero
